
Con la llegada del verano cambian muchas rutinas: aumentan las comidas al aire libre, los viajes, los pícnics y el consumo de alimentos fuera de casa. Estos hábitos, muy propios de esta época del año, pueden favorecer pequeños descuidos en la higiene, conservación y manipulación de los alimentos, aumentando el riesgo de sufrir una enfermedad transmitida por alimentos.
"El verano no implica dejar de disfrutar de las comidas fuera de casa, pero sí exige ser más cuidadosos con la conservación y la manipulación de los alimentos. El calor reduce los márgenes de seguridad, especialmente en productos frescos, platos preparados o alimentos que permanecen demasiado tiempo fuera de la nevera", afirma el Dr. José Wálter Huamán, jefe del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitari General de Catalunya."
Por qué el calor aumenta el riesgo
Las altas temperaturas favorecen la multiplicación de determinados microorganismos en alimentos que no se conservan correctamente o permanecen demasiado tiempo a temperatura ambiente. Carnes, pescados, mariscos, huevos, salsas, lácteos, frutas cortadas y platos preparados requieren una especial atención.
El riesgo aumenta durante las vacaciones, cuando es más frecuente transportar comida para excursiones, comidas de playa o desplazamientos largos. En muchos casos, el problema no está en el alimento en sí, sino en cómo se ha conservado, transportado o manipulado.
Como regla práctica, los alimentos perecederos no deberían permanecer fuera de refrigeración más de dos horas. Si la temperatura ambiental es elevada, como ocurre en un coche, en la playa o durante una ola de calor, ese tiempo puede reducirse a una hora.
Errores frecuentes que conviene evitar
- Dejar alimentos demasiado tiempo fuera de la nevera, especialmente platos preparados, ensaladillas, productos con huevo, carnes cocinadas, frutas cortadas o alimentos frescos.
- Romper la cadena de frío durante desplazamientos largos, comidas al aire libre o días de playa, sin utilizar neveras portátiles, acumuladores de frío o sistemas adecuados de refrigeración.
- No separar adecuadamente alimentos crudos y cocinados, favoreciendo la contaminación cruzada a través de manos, utensilios, tablas o recipientes.
- Consumir carnes, pescados, mariscos o huevos poco cocinados, que pueden contener microorganismos si no alcanzan una cocción suficiente.
- No lavar correctamente las frutas y verduras que se van a consumir crudas.
- Manipular alimentos sin una correcta higiene de manos o utensilios.
- Consumir productos en mal estado o cuya conservación genera dudas. Un alimento contaminado puede tener aspecto, olor y sabor aparentemente normales.
Cómo reconocer una posible infección o intoxicación alimentaria
Los síntomas pueden aparecer pocas horas después de ingerir un alimento contaminado, aunque en algunos casos pueden tardar más tiempo, según el microorganismo o toxina implicados.
Los síntomas más habituales son náuseas, vómitos, dolor abdominal, retortijones, diarrea, fiebre, malestar general o cansancio.
La intensidad puede variar mucho de una persona a otra. Algunos episodios son leves y se resuelven en uno o dos días, mientras que otros pueden provocar síntomas más intensos, especialmente en niños pequeños, personas mayores, embarazadas, pacientes inmunodeprimidos o personas con enfermedades crónicas relevantes.
Qué hacer ante una posible intoxicación alimentaria
En los casos leves, el objetivo principal es evitar la deshidratación. Se recomienda beber líquidos en pequeñas cantidades y de forma frecuente, especialmente si hay vómitos o diarrea. Las soluciones de rehidratación oral pueden ser especialmente útiles en niños, personas mayores o pacientes con mayor riesgo de deshidratación.
No es necesario mantener ayuno prolongado. Cuando la persona lo tolere, puede reintroducir la alimentación de forma progresiva, priorizando comidas sencillas y evitando temporalmente alcohol, comidas muy grasas o alimentos que empeoren los síntomas.
También es importante no automedicarse. Los antibióticos no suelen ser necesarios en la mayoría de los casos y deben utilizarse únicamente tras valoración médica. Los fármacos antidiarreicos tampoco son adecuados si existe fiebre alta, sangre en las heces, dolor abdominal intenso o sospecha de una infección más grave.
"Ante una posible intoxicación alimentaria, lo más importante es vigilar la evolución y mantener una adecuada hidratación. Si aparecen fiebre alta, sangre en las heces, signos de deshidratación, dolor abdominal intenso, vómitos persistentes, disminución importante de la orina o los síntomas no mejoran en 48 a 72 horas, conviene consultar con un profesional sanitario", señala el especialista."
Cómo prevenir una intoxicación alimentaria
Aunque no siempre pueden evitarse, muchas enfermedades transmitidas por alimentos sí pueden prevenirse con medidas sencillas:
- Lavarse bien las manos antes de manipular alimentos y después de tocar productos crudos.
- Separar alimentos crudos y cocinados, utilizando utensilios y recipientes distintos.
- Mantener los alimentos refrigerados y evitar romper la cadena de frío.
- No dejar alimentos perecederos más de dos horas a temperatura ambiente, o más de una hora si hace mucho calor.
- Cocinar correctamente carnes, pescados, mariscos y huevos.
- Lavar frutas y verduras antes de consumirlas.
- Utilizar agua potable y respetar las instrucciones de conservación y las fechas de caducidad.
"Disfrutar de las comidas del verano es totalmente compatible con hacerlo de forma segura. La prevención empieza en decisiones muy simples: conservar bien los alimentos, evitar improvisaciones de riesgo y consultar cuando los síntomas son intensos o no evolucionan como deberían. Con pequeños cuidados podemos reducir mucho el riesgo de enfermedad y de sus posibles complicaciones", concluye el jefe del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitari General de Catalunya."






















