
La migraña es una de las enfermedades neurológicas más frecuentes y, al mismo tiempo, una de las que más condiciona la vida cotidiana de las personas que la padecen. Aunque a menudo se asocia únicamente al dolor de cabeza, se trata de un trastorno complejo que puede afectar al bienestar físico, emocional, social y laboral de millones de personas.
Según datos de la Sociedad Española de Neurología, más de cinco millones de personas conviven con migraña en España, y aproximadamente 1,5 millones presentan una forma crónica de la enfermedad. Esto significa que sufren dolor de cabeza durante al menos 15 días al mes, con ocho o más jornadas de características migrañosas. Ante esta realidad, el Hospital Universitari General de Catalunya apuesta por un abordaje multidisciplinar desde los servicios de Medicina Familiar y Neurología.
Cuando el dolor afecta a todas las áreas de la vida
La migraña pertenece al grupo de las cefaleas primarias y suele manifestarse mediante episodios de dolor intenso, habitualmente pulsátil y localizado en un lado de la cabeza. Además, es frecuente que se acompañe de síntomas como náuseas, vómitos y una elevada sensibilidad a la luz o al ruido. Las crisis pueden prolongarse entre cuatro y 72 horas si no reciben tratamiento.
La Dra. Silvia Falcón, coordinadora de la Unidad de Medicina Familiar del Hospital Universitari General de Catalunya, explica que la migraña es una enfermedad neurológica en la que intervienen factores genéticos y ambientales, con una repercusión importante en la calidad de vida de las personas afectadas.
Aunque todavía no se conocen con exactitud las causas que la desencadenan, sí se sabe que existe una relación con la hiperexcitabilidad del sistema nervioso central. Entre los factores que pueden favorecer la aparición de una crisis se encuentran el estrés, las alteraciones hormonales, los cambios en los hábitos de sueño, determinados alimentos como el chocolate o los quesos curados, el consumo de alcohol, los periodos prolongados de ayuno o las variaciones meteorológicas.
La especialista también destaca el papel de la herencia genética. Según señala la Dra. Falcón, cuando uno de los progenitores padece migraña, las probabilidades de que los hijos también la desarrollen se sitúan en torno al 50%.
El impacto de la migraña crónica
Las personas que conviven con migraña frecuente o crónica suelen ver limitada su capacidad para desarrollar actividades cotidianas. Trabajar, estudiar, practicar deporte o mantener una vida social activa puede resultar complicado durante las crisis.
A estas limitaciones físicas se suma, en muchas ocasiones, una importante carga emocional. El miedo a sufrir un nuevo episodio puede generar ansiedad e inseguridad, y condicionar la planificación de actividades personales o profesionales.
Tal como señala la Dra. Silvia Falcón, el componente psicológico asociado a la enfermedad no debe infravalorarse, ya que muchas personas viven pendientes de cuándo aparecerá el siguiente ataque, lo que repercute directamente en su bienestar emocional.
Un abordaje personalizado para mejorar la calidad de vida
A pesar de su impacto, la migraña dispone hoy de diferentes opciones terapéuticas capaces de reducir la frecuencia de las crisis y mejorar la calidad de vida de los pacientes. Por ello, resulta fundamental realizar una valoración individualizada que permita establecer el tratamiento más adecuado en cada caso.
La Dra. Falcón subraya la importancia de comenzar con un diagnóstico preciso, basado en una historia clínica detallada y, cuando sea necesario, en pruebas complementarias que permitan descartar otras causas del dolor de cabeza.
Las alternativas terapéuticas incluyen medicamentos dirigidos al tratamiento de las crisis agudas, como analgésicos y triptanes, así como tratamientos preventivos destinados a disminuir la frecuencia y la intensidad de los episodios. Entre estos se encuentran determinados betabloqueantes, antidepresivos y los anticuerpos monoclonales dirigidos contra el péptido relacionado con el gen de la calcitonina (CGRP), una proteína implicada en los mecanismos de la migraña.
En pacientes con migraña crónica también se pueden emplear otras opciones, como la toxina botulínica o diversas técnicas de neuromodulación, que han demostrado resultados beneficiosos en determinados casos.
El papel de los hábitos saludables
Más allá del tratamiento farmacológico, los hábitos de vida tienen un papel esencial en el control de la enfermedad. Mantener horarios regulares de sueño, practicar ejercicio físico moderado, reducir el estrés, evitar el consumo de alcohol y adoptar rutinas saludables puede contribuir de manera significativa a disminuir la aparición de nuevas crisis.
La combinación de un diagnóstico adecuado, un tratamiento personalizado y una educación adecuada sobre los factores desencadenantes constituye actualmente una de las herramientas más eficaces para ayudar a las personas con migraña a recuperar su bienestar y desarrollar sus actividades diarias con más normalidad.






















