
Con el aumento de las temperaturas, algunas personas notan más cansancio, debilidad o mareos al levantarse. Estos síntomas pueden ser más frecuentes en quienes ya tienen tendencia a presentar cifras bajas de tensión arterial, especialmente después de pasar tiempo al sol, sudar mucho o beber menos líquido del necesario.
La hipotensión se produce cuando la presión arterial está por debajo de lo habitual para esa persona y puede dificultar que el organismo mantenga una adecuada circulación en determinados momentos.
"En verano, una cifra baja de tensión debe interpretarse junto con los síntomas y el contexto de cada paciente. No es lo mismo una persona joven con tendencia habitual a la hipotensión que un paciente mayor, con enfermedad cardiovascular o renal, o en tratamiento para la tensión. Si aparecen mareos, debilidad, sensación de desmayo o limitación para la actividad diaria, conviene valorarlo para decidir si se trata de un episodio puntual o si hay que revisar otros factores", explica la Dra. Silvia Falcón, jefa del Servicio de Medicina Familiar del Hospital Universitari General de Catalunya.
¿Por qué el calor puede favorecer estos episodios?
La tensión arterial varía a lo largo del día y puede verse influida por la hidratación, la temperatura ambiental, la alimentación, el descanso o los cambios bruscos de postura. En verano, el calor, la sudoración y la posible deshidratación pueden favorecer descensos puntuales de la presión arterial.
Esto puede afectar especialmente a personas que ya suelen tener cifras bajas, adultos mayores, pacientes con hipertensión arterial en tratamiento o personas que toman determinados medicamentos, como diuréticos, fármacos para el corazón, ansiolíticos o algunos antidepresivos.
En pacientes hipertensos tratados, las bajadas de tensión durante el verano pueden obligar a revisar el tratamiento si aparecen síntomas, pero nunca debe suspenderse o modificarse la medicación sin indicación médica.
"Un error frecuente es pensar que, si la tensión baja en verano, hay que dejar de tomar la medicación por cuenta propia. En pacientes hipertensos o con enfermedad cardiovascular, hacerlo puede aumentar el riesgo de descompensaciones. Si aparecen mareos, debilidad o cifras más bajas de lo habitual, lo adecuado es medir la tensión, registrar los síntomas y consultar para valorar si hace falta ajustar el tratamiento", señala la Dra. Falcón.
Síntomas que no conviene ignorar
La tensión baja puede pasar desapercibida si no produce molestias. Cuando el organismo no consigue mantener una presión suficiente para una adecuada circulación, pueden aparecer síntomas como:
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Cansancio o debilidad.
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Mareo o vértigo.
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Inestabilidad al levantarse.
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Visión borrosa.
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Náuseas o vómitos.
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Somnolencia.
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Desmayos.
"Estos síntomas suelen aparecer al ponerse de pie, tras una exposición prolongada al calor, en ambientes poco ventilados o cuando no se ha bebido lo suficiente. Aun así, no siempre deben atribuirse solo al verano", apunta la especialista.
¿Qué hacer ante una bajada de tensión?
Si aparecen mareos o sensación de desvanecimiento, conviene sentarse o tumbarse para evitar caídas. Siempre que sea posible, se recomienda elevar las piernas, trasladarse a un lugar fresco y beber líquidos poco a poco, siempre que la persona esté consciente y pueda tragar sin dificultad.
También es importante evitar incorporarse de forma brusca, y se debería permanecer en reposo hasta que la sensación de inestabilidad mejore. Si los síntomas no ceden, se repiten o van acompañados de otros signos de alarma, es necesario solicitar valoración médica.
Se recomienda pedir valoración médica si el malestar no mejora, si los episodios se repiten, si se produce pérdida de conocimiento, dolor torácico, dificultad para respirar, confusión, palpitaciones intensas o debilidad marcada. Así como si afecta a personas mayores, embarazadas, pacientes con enfermedades crónicas o personas que toman medicación para la tensión o el corazón.
¿Cómo prevenirlas durante el verano?
Para reducir el riesgo, conviene anticiparse a las situaciones que pueden favorecer la hipotensión. Mantener una hidratación regular, evitar esfuerzos en las horas centrales del día, buscar espacios frescos, levantarse de forma progresiva y realizar comidas ligeras puede ayudar a tolerar mejor el calor.
En personas con tratamiento para la tensión arterial, insuficiencia cardiaca, enfermedad renal u otras patologías crónicas, la hidratación y las recomendaciones generales deben individualizarse. En estos casos, conviene consultar si aparecen mareos repetidos, cifras de tensión más bajas de lo habitual o sensación de debilidad mantenida.
"Prevenir las bajadas de tensión en verano no consiste en aplicar la misma pauta para todo el mundo. Hay personas que necesitan aumentar la hidratación, otras revisar horarios de actividad y otras valorar si su medicación requiere algún ajuste", apunta la Dra. Falcón. "La consulta es clave porque permite adaptar las recomendaciones al estado de salud de cada paciente y evitar tanto la deshidratación como cambios de tratamiento innecesarios", concluye.






















