
Con la llegada del verano y el aumento de las temperaturas, mantenerse hidratado se convierte en una de las principales recomendaciones de salud. Sin embargo, más allá de la clásica idea de beber dos litros de agua al día, las necesidades de hidratación no son iguales para todas las personas ni en todas las situaciones.
El calor favorece la pérdida de líquidos y minerales a través del sudor, algo que puede intensificarse durante actividades al aire libre, ejercicio físico o exposiciones prolongadas al sol. Cuando esta pérdida no se compensa adecuadamente, el organismo puede empezar a mostrar señales de deshidratación o de dificultad para regular la temperatura.
"Cuando hace mucho calor, el organismo pierde agua y sales a través del sudor incluso sin realizar ejercicio intenso. Por eso, repartir la ingesta a lo largo del día y adaptar la cantidad a la actividad, la edad y el estado de salud es más eficaz que beber mucho de golpe cuando ya aparece malestar", aclara la Dra. Silvia Falcón, jefa del Servicio de Medicina Familiar del Hospital Universitari General de Catalunya.
Cuánta agua conviene beber en verano
No existe una cifra universal que sirva para todo el mundo. La cantidad de agua necesaria depende de factores como la edad, el nivel de actividad física, la temperatura ambiental, el estado de salud, la sudoración o determinados tratamientos médicos.
Como orientación general, suele recomendarse una ingesta aproximada de entre 1,5 y 2 litros de agua al día, aunque durante el verano, en días especialmente calurosos o si se realiza ejercicio, esta necesidad puede aumentar. También hay que tener en cuenta que parte de la hidratación procede de los alimentos, especialmente frutas y verduras con alto contenido en agua, como sandía, melón, tomate, pepino o cítricos.
Las personas que practican deporte, trabajan al aire libre o pasan muchas horas expuestas al calor pueden necesitar una reposición más frecuente de líquidos. Si la sudoración es intensa o prolongada, puede ser necesario reponer también sales minerales, siempre adaptándolo a la situación de cada persona.
"En personas mayores, niños pequeños, pacientes con enfermedades crónicas o personas que toman determinados medicamentos, no conviene esperar a tener sed intensa para beber. En estos casos, la hidratación regular y la vigilancia de signos como la orina escasa, el cansancio o la confusión son especialmente importantes", sostiene la especialista.
Señales de que puede faltar hidratación
La deshidratación no siempre aparece de forma brusca. A menudo empieza con síntomas leves que pueden confundirse con cansancio propio del verano. Entre las señales más habituales se encuentran la sensación intensa de sed, la boca seca, el dolor de cabeza, la fatiga, la debilidad, los mareos o la sensación de inestabilidad. También puede alertar una menor cantidad de orina o un color más oscuro de lo habitual, así como dificultad para concentrarse, irritabilidad o sensación de confusión leve.
Cuando la pérdida de líquidos progresa o el cuerpo no consigue regular bien la temperatura, pueden aparecer síntomas más importantes, como náuseas, piel muy caliente, pulso acelerado, somnolencia, desorientación o malestar intenso.
Golpe de calor: cuándo actuar con urgencia
El golpe de calor es una de las formas más graves de afectación por altas temperaturas y requiere atención médica urgente. Se produce cuando el organismo pierde la capacidad de regular su temperatura y esta aumenta de forma peligrosa.
Hay que prestar especial atención si, tras la exposición al calor, aparecen confusión, somnolencia intensa, desmayo, vómitos persistentes, dificultad para mantenerse de pie, piel muy caliente o un deterioro rápido del estado general. En estos casos, es importante llamar al 112 o acudir a urgencias.
Mientras llega la asistencia, se debe trasladar a la persona a un lugar fresco y sombreado, retirar o aflojar ropa innecesaria y refrescar la piel de forma progresiva con paños húmedos, agua fresca o ventilación. Si la persona está consciente y puede tragar sin dificultad, se le pueden ofrecer pequeños sorbos de agua. Si está confusa, muy somnolienta, vomita o pierde el conocimiento, no debe darse bebida por riesgo de atragantamiento.
"Ante un posible golpe de calor, lo más importante es actuar rápido. Si está confusa, muy somnolienta, se desmaya, vomita de forma persistente o presenta un deterioro rápido del estado general, hay que pedir ayuda urgente", advierte la doctora.
Cómo hidratarse mejor durante el verano
Además de beber agua con frecuencia, existen hábitos sencillos que ayudan a prevenir la deshidratación y los efectos del calor:
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No esperar a tener sed para beber
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Llevar siempre agua encima, especialmente si se realizan actividades al aire libre
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Evitar las horas de más calor para hacer ejercicio o esfuerzos intensos
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Moderar el consumo de alcohol y bebidas con mucha cafeína
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Priorizar alimentos ricos en agua, como frutas y verduras frescas
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Buscar espacios frescos y evitar exposiciones prolongadas al sol
"En verano conviene escuchar al cuerpo y no normalizar ciertos síntomas. El cansancio extremo, los mareos, la desorientación o el malestar persistente pueden ser señales de que el organismo no está tolerando bien el calor. Mantener una hidratación regular, adaptar la actividad a la temperatura y consultar cuando los síntomas no mejoran son medidas clave para prevenir complicaciones", concluye la jefa del Servicio de Medicina Familiar del Hospital Universitari General de Catalunya.






















