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El final de las vacaciones y el arranque de un nuevo curso escolar van ligados a un reajuste de los horarios, las comidas y el tiempo libre después de meses de mayor flexibilidad. Para algunos niños/as, este cambio resulta sencillo, sin embargo otros necesitan más tiempo, acompañamiento y referencias claras para adaptarse a la vuelta al colegio.

La recuperación de hábitos ayuda a crear un entorno previsible y seguro, pero no debería convertirse en una fuente añadida de tensión. Por eso, la adaptación suele ser más fácil cuando los cambios se introducen de forma gradual y los adultos mantienen una actitud tranquila, afectiva y positiva.

"Los primeros días es normal que a los más pequeños les cueste recuperar los horarios de comidas o sueño. Podemos notar más cansancio, irritabilidad o dificultad para levantarse por la mañana. No debemos preocuparnos porque es una respuesta completamente normal, pensemos en lo que nos cuesta a nosotros el cambio de ritmo", apunta la Dra. Ana María Pérez, jefa del Servicio de Pediatría del Hospital Universitari General de Catalunya. "Lo importante es acompañarlos en ese proceso de reajuste a la rutina progresivamente, con horarios estables y observando cómo responde cada niño/a", sostiene.


Reajustar el sueño de forma progresiva

Durante el verano es habitual acostarse y levantarse más tarde. Para facilitar el regreso al horario escolar, conviene adelantar gradualmente la hora de dormir y de levantarse durante los días previos al inicio de las clases.

También ayuda mantener una secuencia tranquila antes de acostarse: baño, cuento o conversación breve, reducir las pantallas al final del día y favorecer un dormitorio con poca luz y sin estímulos intensos.

"No es recomendable convertir el momento de dormir en una lucha. La mejoría a la hora de conciliar el sueño es progresiva, respetar las horas y mantener un ambiente calmado contribuye a reconstruir el hábito", explica la especialista.


Recuperar horarios de comidas sin rigidez

En el periodo estival se altera el número y el horario de las comidas, así como la dieta (aumenta el picoteo, los dulces y/o las bebidas azucaradas…). La vuelta al cole es una oportunidad para recuperar cierta regularidad, reintroducir una alimentación variada y, para ello, puede ser útil:

  • Establecer franjas relativamente estables para desayuno, comida, merienda y cena.
  • Ofrecer alimentos variados sin utilizar la comida como premio o castigo.
  • Involucrar a los niños en tareas sencillas, como preparar la mesa o elegir entre opciones saludables.
  • Garantizar una hidratación adecuada durante el día.

"Más que buscar una alimentación perfecta desde el primer momento, conviene recuperar una estructura que resulte sostenible para la familia. La regularidad y el ejemplo de los adultos suelen ser más eficaces que la imposición", señala la pediatra.


Escuchar cómo viven el regreso

La adaptación no es solo física, ya que algunos niños/as esperan con ilusión el reencuentro con sus compañeros, mientras que otros pueden mostrar nerviosismo, irritabilidad, dificultades para dormir o mayor necesidad de acompañamiento.

Hablar con naturalidad sobre la vuelta al cole, escuchar sus preocupaciones sin minimizarlas y explicarles qué ocurrirá durante los primeros días ayuda a reducir la incertidumbre. Para los más pequeños, preparar juntos la mochila, visitar el entorno escolar cuando sea posible o representar situaciones mediante el juego, pueden facilitar la transición.

Es aconsejable reservar tiempo para poder realizar actividades al aire libre, pues llenar su agenda desde los primeros días con extraescolares puede aumentar el cansancio y dificultar la adaptación.


¿Cuándo consultar con Pediatría?

Si una vez pasadas las primeras semanas, el niño/a continúa durmiendo mal, aparece una disminución persistente del apetito, los cambios de humor son intensos o mantenidos, o existe rechazo continuado a acudir al colegio, es aconsejable solicitar valoración pediátrica.

"Cuando el niño percibe calma, coherencia y confianza en su entorno, suele recuperar progresivamente sus rutinas. Sin embargo, si las dificultades se mantienen o empiezan a interferir en su vida diaria, conviene consultar. Desde Pediatría podemos valorar si se trata únicamente de un periodo de adaptación o si existe algún factor físico o emocional que requiera una atención específica, y orientar a la familia en función de cada caso", concluye la jefa del Servicio de Pediatría del Hospital Universitari General de Catalunya.